¿Y dice que una imagen vale por cuántas palabras?

6000 4000 Bea Vizcaíno

Nos repiten hasta la saciedad que vivimos en mundo cada vez más visual. Y es que está comprobado que las imágenes se procesan más rápido que el texto y, teniendo en cuenta que nuestra capacidad para mantener la atención se ha desplomado hasta los 7 segundos, esto es una ventaja innegable.

Sin embargo, los textos -el famoso copywriting- siguen siendo la carta de presentación de cualquier marca y una de las grandes claves para atraer usuarios y, en definitiva, vender los productos o servicios.

¿Estamos dando a nuestros textos la importancia que merecen? ¿A todos? ¿Seguro?

¿Por qué valen tanto las palabras?

Lo primero, claro está, es tener algo que comunicar. Por eso es fundamental que tengamos una identidad de marca con todos sus ingredientes. De eso hablábamos hace bien poco en esta entrada del blog.

Lo segundo, saber usar las herramientas que tenemos a nuestra disposición para comunicar todos los elementos que conforman nuestro branding. Y aquí es donde entran los textos.

Si las imágenes y estímulos visuales varios son básicos para impactar, y ayudan a procesar y recordar, las palabras atraen, completan, explican, conectan, convencen y enganchan. Es el famoso “atrae con la imagen, enamora con el texto”.

Pero claro, igual que con las imágenes, no vale cualquier palabra. Los textos que buscamos se construyen sobre cuatro pilares muy sólidos:

  • Diferenciación

Es evidente que tenemos que conocer bien nuestros productos o servicios y también a nuestra competencia. Tenemos que escribir textos para nuestro público, que seguramente se parecerá bastante al de ellos.

Sin embargo, es fundamental que seamos capaces de encontrar nuestra propia voz, nuestro estilo, nuestro tono. Estos han de ser originales y únicos, y han de reflejar la identidad y los valores específicos de nuestra marca frente a los de los competidores.

  • Gancho

Y claro, tampoco llega con escribir textos diferentes a los de nuestra competencia. Bien saben los copywriters la enorme distancia que separa un texto correcto de un texto con gancho.

El número de impactos que recibe un consumidor medio al día no hace más que dispararse. Por eso para nuestra marca necesitamos textos memorables, que impacten, enganchen, agiten o emocionen.

  • Coherencia

Y claro, de poco sirve escribir textos con gancho diferentes a los de nuestra competencia si no lo hacemos de manera coherente. Coherente con nuestra identidad de marca y coherente con el imaginario que transmitimos en todos los demás textos que emite la marca a través de cualquier canal.

Si no mantenemos la coherencia, solo conseguiremos confundir a nuestro público y minar la confianza que había depositado en la marca.

  • Funcionalidad

Y claro, es inútil escribir textos coherentes, con gancho, y diferentes a los de la competencia si no están adaptados a la interacción concreta en la que se van a usar y, por tanto, no cumplen su función comunicativa.

Si a un cliente que presenta una reclamación por una incidencia con uno de nuestros productos le enviamos un texto con mucho gancho enumerando las bondades del producto, no solo no le engancharemos, sino que seguramente conseguiremos el efecto contrario.

Y sí, un email de atención al cliente también es un texto y, como tal, también es una herramienta que, queramos o no, comunica nuestra identidad de marca.

¿Por dónde empiezo?

Efectivamente, por la estrategia.

Con un poco de suerte, nuestra empresa ya tiene bien definido su branding y su estrategia de marketing, así que ahora se trata de adaptarlo todo a nuestros textos.

  • Definir los tipos de texto

Recordemos que los textos están en todas partes: página web, campañas publicitarias en cualquier soporte (internet, televisión, prensa, etc.), newsletters e emails masivos, publicaciones en redes sociales, respuestas desde atención al cliente por cualquier canal (teléfono, email, whatsapp, chat, redes sociales…), interacción presencial en puntos de venta físicos, etc.

Es fundamental que establezcamos en cuáles de estos canales vamos a estar presentes, y que tengamos en mente todos y cada uno de estos contextos comunicativos para adaptar a ellos nuestros textos.

  • Elegir el tono

Debemos buscar el tono adecuado para la identidad de nuestra marca y mantenerlo, en la medida de lo posible, en todos nuestros textos.

Y aquí hay tantas posibilidades como identidades de marca: formal o informal, distante o cercano, corporativo, fresco, humorístico, provocador, informativo, divulgativo… e infinitos matices.

Y mantener el tono en la medida de lo posible consiste, también, en saber hacerlo de forma sutil o, incluso, modificar el tono habitual cuando el texto así lo requiera. Si, por ejemplo, somos una empresa joven y fresca que suele comunicar en clave de humor, habrá textos donde el humor esté presente solo de manera anecdótica o muy sutil, o donde no haya humor en absoluto (por ejemplo, en las condiciones legales o en la respuesta a una reclamación por un incidente grave con nuestro producto).

Pero como prescindir del humor no significa prescindir de nuestra identidad, tampoco podemos, en estos casos, emitir textos rígidos, encorsetados, muy farragosos o cargados de fórmulas y giros rebuscados, sino que encontraremos la manera de mantener la frescura y la cercanía que nos caracterizan.

  • Definir el lenguaje de marca

Y como los textos están hechos de lenguaje, más bien pronto que tarde tendremos que definir el nuestro.

El lenguaje de nuestros textos será, cómo no, coherente con nuestra marca. Al elegir las palabras que usamos, hacer elecciones lingüísticas, crear expresiones o frases características o incluso construir una jerga propia, estamos conformando la identidad verbal de la marca y, por tanto, construyendo una forma de identificar a la compañía y diferenciarla de la competencia.

 

Y no, no es posible ser “neutros” o no transmitir nada en particular con determinados textos. Todos nuestros textos transmiten y todos ellos contribuyen a conformar nuestra identidad, queramos o no, en mayor o menor grado, con más o menos fortuna.

Por eso, no hay que bajar la guardia cuando enviamos un e-mail o cuando redactamos un post para redes sociales. Sabemos que todo se comparte, todo nos expone y todo comunica.

¡Saquémosle partido! ¡Es gratis!

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