Primera noticia que tengo

Primera noticia que tengo 2448 1541 Tais Álvarez

Vivimos en la era de la comunicación, dicen. Todas las aplicaciones, aparatos y cacharros varios están pensados para que estemos conectados, las 24 horas del día, si queremos. Tenemos a nuestros amigos y conocidos “guardados” en la agenda del móvil, que es como una extensión de nuestro brazo, en las aplicaciones varias de comunicación instantánea, en nuestras redes sociales (que cuentan con sus respectivos chats), en la bandeja de entrada de nuestro correo electrónico.

Tenemos todas las herramientas posibles pero, ¿las sabemos utilizar?

Sin embargo, se da la particularidad de que, al menos en el ámbito profesional, cada vez estamos más desconectados. Muchas veces es tal la falta de comunicación que, si nos preguntaran, no sabríamos decir a qué se dedica exactamente el compañero que está sentado en la mesa de al lado. Esto, que puede parecer algo menor, afecta enormemente al rendimiento de la empresa, ya que nos hace perder una cantidad de tiempo y de energía que sin retorno.

Para que un equipo funcione como tal, todos los implicados han de saber, como mínimo, cuál es la función de los demás miembros. De lo contrario, no sabrán muchas veces cómo enfocar sus propias tareas o, lo que es peor, de qué manera afectan estas a los demás.

¿Que no me creen…?

Un ejemplo: un trabajador de perfil técnico de una empresa de seguros está trabajando en el desarrollo de una nueva herramienta dentro del programa que utiliza el equipo comercial en su día a día. Lo hace porque su responsable directo se lo ha pedido, pero no ha tenido tiempo de comentarlo con ninguno de sus compañeros de ese departamento. Cuando termina, después de dos jornadas y media de trabajo, presenta el resultado a su jefe, que queda satisfecho. Sin embargo, sus compañeros del departamento comercial, tras varias horas intentando estrenar su nuevo juguete, se dan cuenta de que no es de ninguna manera útil para ellos, porque no está adaptado a su manera de trabajar. No dicen nada, simplemente no lo utilizan. Resultado: horas perdidas de un recurso de la empresa, frustración de un departamento entero y estancamiento del problema durante una presumible larga temporada.

Son solo unos minutos

Parece una obviedad pero, si en el momento de recibir el encargo por parte de su responsable, se hubiera acercado a la mesa de sus compañeros de comercial y hubiera dedicado unos minutos (que sí, que si se hace bien son solo unos minutos) a preguntarles qué necesitaban exactamente, para qué y cómo preferirían que lo hiciera, todos habrían ganado.

Muchas veces creemos que somos más eficaces por ponernos de inmediato con una tarea, casi de manera autómata y sin plantearnos si lo que estamos haciendo (porque nos lo han pedido) tiene sentido. Desde aquí les animamos a que se tomen esos minutos que les pueden hacer ganar muchas horas, evitar mucha frustración y aumentar su sensación de realización y, por extensión, la de la empresa.

Es más…

Esto aplica a muchas situaciones. Por eso, estamos convencidas de que lo ideal es que no haya NADIE dentro de la empresa que no sepa, al menos a grandes rasgos, a qué se dedica cada uno de sus compañeros. Sería deseable que cada nueva incorporación dedicara su primera jornada en la empresa a sentarse unos 10 o 15 minutos con algún miembro de cada uno de los distintos departamentos. Y cuando decimos sentarse, queremos decir exactamente eso: ir a su puesto de trabajo, ponerse a su lado y ver in situ qué es lo que hace, cómo y para qué.

¿Se imaginan qué fácil sería todo si supiéramos en cada momento a quién dirigirnos cuando necesitamos algo?, ¿a quién preguntar según qué cosas?, ¿con quién “pelearnos” para conseguir algo que consideramos fundamental para mejorar el rendimiento? ¿Se imaginan qué bueno sería conocer las implicaciones que tiene lo que hacemos?, ¿a qué otros departamentos afecta, y de qué forma tenerlo en cuenta? No es magia, es el poder de la comunicación.